Hay algo que casi todos hacemos varias veces a la semana: sacar la tarjeta, acercarla al datáfono y seguir con nuestra vida.
Tan normal es pagar con tarjeta que muchas veces ni nos paramos a pensar qué tipo de tarjeta estamos utilizando. ¿Es de débito? ¿Es de crédito? ¿Qué pasa realmente cuando pago? ¿Estoy gastando mi dinero o estoy utilizando dinero que después tendré que devolver?
Aunque por fuera puedan parecer prácticamente iguales, una tarjeta de débito y una tarjeta de crédito funcionan de manera diferente. Entender esa diferencia puede ayudarte a controlar mejor tus gastos y, sobre todo, a saber cuándo estás utilizando crédito.
Tarjeta de débito: gastas el dinero que tienes
La tarjeta de débito está vinculada a una cuenta bancaria. Cuando haces una compra, el importe se carga normalmente de forma inmediata en esa cuenta. En otras palabras, utilizas los fondos que tienes disponibles en la cuenta asociada.
Imagina que tienes 1.000 € en tu cuenta y haces una compra de 80 €. Tras la operación tendrás aproximadamente 920 €, teniendo en cuenta que pueden existir otras operaciones o cargos pendientes.
Para muchas personas es una forma sencilla de controlar el gasto cotidiano porque el movimiento se refleja directamente en la cuenta.

Imagen ilustrativa: una persona comparando dos tarjetas antes de utilizarlas.
Tarjeta de crédito: aquí estás utilizando un crédito
Con una tarjeta de crédito la situación cambia. La entidad te concede un límite de crédito que puedes utilizar para realizar compras u otras operaciones, dentro de las condiciones contratadas.
Eso significa que puedes pagar aunque en ese momento no tengas ese importe disponible en tu cuenta. Pero hay una palabra importante que no debemos olvidar: crédito. El dinero que utilizas mediante el crédito tendrás que devolverlo según la modalidad de pago acordada.
Las tarjetas de crédito pueden tener distintas formas de pago. En algunas modalidades se liquida todo lo utilizado en una fecha posterior, mientras que otras permiten devolverlo mediante cuotas y pueden generar intereses.
La diferencia no está solamente en la tarjeta
A veces pensamos que una tarjeta de crédito significa automáticamente pagar intereses. No necesariamente. Algunas tarjetas permiten pagar todo lo gastado durante el periodo de liquidación en una fecha posterior y, según las condiciones del contrato, ese aplazamiento puede no generar intereses.
La situación cambia cuando eliges pagar la deuda poco a poco. En ese caso pueden aplicarse intereses y otros costes. Por eso, antes de utilizar una tarjeta de crédito conviene saber exactamente cómo se devuelve el dinero.
¿Qué es una tarjeta revolving?
Una tarjeta revolving es una modalidad de tarjeta de crédito en la que la deuda se devuelve mediante cuotas periódicas. A medida que vas pagando, vuelves a disponer del crédito que has amortizado.
El punto importante está en mirar la relación entre la cuota, los intereses y la deuda pendiente. Si la cuota es muy pequeña, la devolución puede prolongarse durante mucho tiempo y, en determinadas situaciones, la deuda puede reducirse muy lentamente o incluso aumentar.

Imagen ilustrativa: revisar los movimientos y los gastos ayuda a entender cuánto se está utilizando.
Un ejemplo muy sencillo
Imagina que compras un ordenador por 900 €.
Con una tarjeta de débito, el importe se cargaría contra el saldo de tu cuenta.
Con una tarjeta de crédito, podrías pagar el importe completo en la fecha prevista o elegir una modalidad de pago aplazado, según las condiciones de la tarjeta.
Si eliges aplazarlo, no te fijes únicamente en la cuota mensual. Comprueba el tipo de interés, la TAE, las posibles comisiones, la cuota y el tiempo que tardarás en devolver el dinero.

Imagen ilustrativa: antes de pagar, conviene saber si la operación sale de la cuenta o utiliza crédito.
¿Y si utilizo la tarjeta para comprar en Internet?
El medio de compra no cambia por sí solo la naturaleza de la tarjeta. Puedes utilizar una tarjeta de débito o de crédito en una tienda física o por Internet. Lo importante es saber qué modalidad estás utilizando y qué condiciones tiene.
En compras online, además, merece la pena revisar los movimientos de la cuenta o de la tarjeta después de realizar una operación y activar las herramientas de seguridad que ofrezca tu entidad.

Imagen ilustrativa: el pago con tarjeta forma parte de muchas compras cotidianas.
Antes de contratar una tarjeta de crédito, mira estas cosas
La modalidad de pago: comprueba si se paga todo a final de mes o si puedes aplazarlo.
El tipo de interés: especialmente importante si vas a financiar compras.
La TAE: puede ayudarte a comparar el coste de distintas alternativas de financiación.
Las comisiones: revisa si existen por determinados servicios u operaciones.
El límite de crédito: recuerda que no es dinero adicional que tengas ahorrado.
Qué ocurre si no puedes pagar: revisa las condiciones aplicables al impago.
Si puedes cambiar la modalidad de pago: las posibilidades dependen de cada contrato.
No confundas crédito con dinero disponible
Esta es probablemente la idea más importante del artículo. Si tienes un límite de crédito de 3.000 €, eso no significa que tengas 3.000 € más en tu cuenta. Significa que tienes la posibilidad de utilizar hasta esa cantidad de crédito según las condiciones de la tarjeta.
Cada euro que utilices tendrás que devolverlo. Puede parecer una diferencia pequeña cuando haces una compra de 30 o 50 euros, pero cuando acumulas compras y además las aplazas, la deuda puede crecer y hacerse más difícil de controlar.
Entonces, ¿cuál deberías utilizar?
No existe una respuesta universal. Depende de tus necesidades y, sobre todo, de las condiciones concretas de la tarjeta.
La tarjeta de débito puede resultar sencilla para los gastos cotidianos porque el dinero se carga contra la cuenta. Una tarjeta de crédito puede ofrecer un límite de crédito y distintas modalidades de pago, pero exige entender bien cómo y cuándo tendrás que devolver lo utilizado.
No se trata de tener miedo a las tarjetas de crédito. Se trata de entenderlas antes de utilizarlas. Cuando sabes qué estás contratando, puedes decidir con mucha más tranquilidad si realmente encaja contigo.
En resumen
Débito: normalmente el pago se carga directamente contra el saldo de la cuenta asociada.
Crédito: utilizas un límite de crédito y posteriormente devuelves lo utilizado según la modalidad contratada.
Revolving: es una modalidad de crédito con devolución mediante cuotas periódicas; hay que prestar especial atención a intereses, cuota y plazo.
La tarjeta no es buena o mala por sí misma. Lo importante es conocer cómo funciona, cuánto cuesta y qué compromiso de pago estás asumiendo.
Fuentes consultadas
Banco de España – Cliente Bancario: Tipos de tarjetas
Banco de España – Cliente Bancario: Formas de pago y sus intereses
Banco de España – Cliente Bancario: Tarjetas híbridas débito-crédito
Banco de España – Cliente Bancario: Pago aplazado de tarjetas de crédito

